Un hombre estaba  pasando unos días en las montañas,
Dedicado a la pesca. Un buen día, su guía se puso a
Contarle anécdotas acerca del obispo, a quien había servido
De guía el verano anterior.

“Sí”, estaba diciendo el guía, “es una buena persona. Si no
Fuera por la lengua que tiene…”

“¿Quiere usted decir que el obispo dice palabrotas?”,
Preguntó el pescador.

“Por supuesto, señor”, respondió el guía. “Recuerdo que
Una vez tenía agarrado un precioso salmón, y estaba a
Punto de sacarlo cuando el bicho se libró del anzuelo.
Entonces le dije yo al obispo: “¡Qué jodida mala suerte!,
¿no cree?” Y el obispo me miró fijamente a los ojos y me
Dijo: “La verdad es que sí”. Pero aquella fue la única vez
Que le oí al obispo emplear semejante lenguaje.